Repsol se ajusta el cinturón

Plataforma de exploración. Fuente: web de Repsol

Plataforma de exploración. Fuente: web de Repsol

Aunque en términos generales el abaratamiento del petróleo beneficia a la empresa española, al reducir los costes de producción de una economía energéticamente dependiente, toda crisis tiene sus víctimas, y ésta no va a ser menos. El estandarte, en este caso, es Repsol, la petroquímica de referencia en nuestro país.

Aún aquejada de males pretéritos, como la expropiación de YPF en Argentina, la multinacional energética afronta los nuevos tiempos con “Valor y resiliencia”, como han denominado su plan estratégico. O, dicho de otro modo, el estoicismo aplicado a la economía. O, en lenguaje patrio, “coger el toro por los cuernos”.

Edificio Campus Repsol, Madrid. Fuente: web de Repsol

Edificio Campus Repsol, Madrid. Fuente: web de Repsol

Pero, ¿cómo lo hará? Su plan constituye un buen ejemplo para exponer, grosso modo, el procedimiento adecuado en un escenario de crisis empresarial: lo primero, hacer un diagnóstico de la situación para tomar un punto de partida lo más realista posible. En segundo lugar, una proyección a corto-medio plazo sobre la previsible evolución de esa situación actual. En este caso, han definido dos posibles pautas: la crítica (con el barril de Brent manteniéndose en los 50 dólares) y otra más favorable (con una subida paulatina de aquí a 2020, hasta situarse en los 91’8 dólares en el umbral de la próxima década). Entre una opción y la otra, Repsol calcula una oscilación de 10.000 millones de euros en caja para pagar deuda y retribuir a sus accionistas: 10.000 millones en el peor de los casos y 20.000 millones en el mejor.

En cualquier escenario, el tercer paso es la definición de la estrategia que, para Repsol, implica un necesario ajuste. El objetivo principal es disponer de liquidez para hacer frente a la elevada deuda, que asciende a 14.000 millones de euros. Para empezar, los dividendos se mantendrán en 1 euro por acción y no subirán a menos que, según indicó el consejero delegado Josu Jon Imaz, el barril crezca por encima de los 50 dólares. Y también recurrirán a las desinversiones: venta de activos (redes de propano, pozos de hidrocarburos…), de participaciones… fundamentalmente, según Jon Imaz, en las áreas de exploración y producción. Todo ello acompañado de una reducción de hasta el 40% en el capítulo de inversiones.

Y, finalmente, política de ahorro, como en cualquier hogar: recortar costes operativos, aprovechar sinergias con la recientemente adquirida Talisman, acelerar la producción de barriles…

Las “víctimas colaterales” serán, como en todo proceso de semejantes características, los trabajadores. Ya se ha confirmado que los ajustes afectarán también a la plantilla, aunque aún hay que ver en qué medida.

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