Pescanova: lo bueno sale bien

Factoría de Pescanova en Chapela, Vigo. Fuente: web corporativa

Factoría de Pescanova en Chapela, Vigo. Fuente: web corporativa

Junta extraordinaria en Pescanova. Está en juego el futuro de un grupo referente de la actividad industrial en Galicia. Tras un dilatado y espinoso proceso concursal, el consejo vota hoy la reestructuración societaria y una ampliación de capital en la renacida compañía. Sobre la mesa hay dos propuestas, y dos equipos: el de los acreedores, también denominado G7 (Banco Popular, Sabadell, CaixaBank, Abanca, Bankia, BBVA y UBI Banca), que se reservan un 80%, y el de los accionistas minoritarios, que aspiran a controlar el 20% del capital sin aportar los 7’32 millones de euros que estipula el convenio de acreedores.

Según lo que ha trascendido hasta el momento, ambas opciones serían económica y legalmente viables, pero sobre la segunda pesa la amenaza de que se presente alguna demanda por incumplimiento de convenio, así que lo más probable es que se aprueben ambas para, dicho coloquialmente, “cubrirse las espaldas”.

La Junta de hoy supone el parto de “Nueva Pescanova SL”. La nueva compañía nace con un patrimonio aproximado de 100 millones de euros, gracias a la aportación de 40 millones por parte de la filial argentina Argenova, que ha superado su propio proceso concursal. Los bancos actuarán como acreedores y accionistas a la vez, después de aplicar una quita del 75% de la deuda de la antigua pesquera (unos 2.000 millones de euros), y su participación oscilará en función de lo que aporte cada uno a la ampliación de capital. De hecho, ya se comenta que alguna de las entidades (Bankia y Abanca) podría retirarse (vender su participación)  por exigencias de la normativa europea derivadas del rescate bancario.

Revista de Pescanova. Fuente: web corporativa

Revista de Pescanova. Fuente: web corporativa

Aunque compleja, la situación de Pescanova merece atención. La crisis de liquidez de la pesquera se manifestaba a principios de 2013, como consecuencia de una nefasta gestión que se traducía en una deuda superior a los 3.000 millones de euros, el cuádruple de la que había reconocido públicamente. En los dos años transcurridos desde entonces, los esfuerzos de todos los actores implicados (accionistas, acreedores y mediadores concursales) han permitido salvar la nave, maltrecha y diezmada pero firme en su navegar: la reputación de la marca sigue prácticamente indemne y las ventas previstas para este año superan los 1.000 millones de euros.

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