Tres de tres

Otra vez fallaron los sondeos en Grecia. ¿Será que no acudimos a la fuente adecuada? Parece que las encuestas que difunden los medios de comunicación europeos respondieran más a una voluntad dominante que a un pulso real de la intención de voto. Aún así, hay que tener en cuenta varios factores, empezando por el más contundente: la abstención se aproximó al 45%, de modo que el resultado de los comicios reflejan más el hastío de la población que su confianza en el Gobierno de Alexis Tsipras.

Un millón de personas que en enero habían acudido a las urnas, esta vez se quedaron en casa. Esto implica que el “voto castigo” a Syriza no se trasladó a otras fuerzas, sino que, mayoritariamente, se tradujo en abstención. Una abstención que perjudicó, fundamentalmente, a Unidad Popular, los escindidos de Syriza cuyas críticas al Gobierno de Tsipras y sus cesiones ante la Troika acabaron provocando el adelanto electoral. Es decir: los detonantes del proceso electoral (el tercero en menos de un año) han sido los principales damnificados. En este lote se encuentran personalidades tan populares como Lafazanis, Lapavitsas o el polémico Varoufakis que, aunque no iba en las listas, se posicionó abiertamente a favor de esta formación.

Especialmente preocupante me parece el hecho de que el movimiento neonazi de Amanecer Dorado se consolide como tercera fuerza. Aunque han perdido votos, aumentan un escaño y se refuerzan en los territorios fronterizos, lo que puede interpretarse como un primer indicativo de la incidencia que la llegada masiva de refugiados sirios podría llegar a tener también en otros países receptores.

El fenómeno migratorio es, precisamente, uno de los principales escollos a los que tendrá que hacer frente Alexis Tsipras en relación con sus socios de gobierno, los nacionalistas de derechas ANEL, con los que ya contaba en la breve legislatura anterior. Si bien coinciden en política económica (defender la soberanía griega frente a los dictámenes de la Troika), sus posturas con respecto a la inmigración son radicalmente opuestas.

Visto lo visto, y a expensas de lo que suceda en las próximas semanas, a Tsipras no se le presenta un gobierno sencillo. Parte de una posición complicada por las duras condiciones del tercer rescate, cuyos efectos aún no han hecho mella en el ciudadano de a pie. Pero no cabe duda de que el apoyo mayoritario en las urnas supone un nuevo espaldarazo para un líder cuestionado desde sus propias filas.

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