El nuevo Tsipras

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Alexis Tsipras le ha cogido el gusto al referéndum. Y digo referéndum porque esa es la clave en la que hay que interpretar las elecciones anticipadas que, de confirmarse, se celebrarán a escasos ocho meses de haber tomado posesión de la presidencia del Gobierno heleno. Porque un referéndum es una forma de someter las decisiones políticas a la ratificación del pueblo para el que se gobierna y eso es, exactamente, lo que pretende el presidente dimisionario.

Desde el punto de vista estratégico, parece una decisión acertada. Es la forma más rápida de zanjar la división interna que hace aguas el “proyecto Syriza”: si los electores avalan el gobierno de Tsipras con sus votos, su deriva hacia la moderación habrá triunfado sobre el ala más radical. Y lo mismo a nivel externo, reforzando la figura de Alexis Tripras ante los negociadores de la Troika.

Desde luego, si gana las elecciones de una forma holgada, el líder de una nueva Syriza lo tendría mucho más fácil para acatar las exigencias del último rescate sin provocar una revuelta interna. Y todo apunta a que no lo tendrá demasiado difícil. Ése es otro de los aciertos de la convocatoria electoral desde el punto de vista estratégico: la premura con que lo ha hecho, cogiendo “en pañales” a una oposición que aún no se ha recuperado del descalabro sufrido en enero. De hecho, las últimas encuestas de intención de voto (de finales de julio) daban a Syriza una ventaja de 20 puntos sobre los conservadores.

Y hasta aquí, las ventajas estratégicas de Alexis Tsipras. Las desventajas empezaron a perfilarse esta misma mañana, con la proclamación de un nuevo competidor, nacido de las propias entrañas del partido: el ala más radical, la Plataforma de Izquierda, acaba de anunciar que presentará su propia lista, rompiendo con el discurso de la moderación emprendido por su hasta ahora líder.

Si, tal y como se prevé, los conservadores de Nueva Democracia no consiguen formar Gobierno, como les ha encomendado el presidente de la República en cumplimiento del protocolo constitucional, en aproximadamente un mes los griegos volverán a sacar las urnas. Para entonces, tras ocho meses de gestación, plagados de tensiones, cesiones y desencuentros, otro Tsipras habrá nacido.

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