El Círculo Virtuoso

Las empresas del Ibex aún están presentando sus resultados del primer semestre de 2015, pero el Estado ya tiene presupuestos para 2016. La verdad es que es de valorar esa agilidad: la anticipación y la previsión de gastos constituyen, en sí mismas, indicadores de eficacia en la gestión. Siempre y cuando, claro, no respondan a otros fines como podrían ser, en este caso, los de carácter electoralista.

Con las elecciones catalanas a la vuelta de la esquina y las generales en la siguiente manzana, es imposible alejar la sospecha de una intencionalidad en la prematura presentación de los presupuestos, que ya ha sido criticada por la oposición en la medida en que, en caso de constituirse un nuevo Ejecutivo, vería su capacidad de maniobra bastante reducida, al estar ya repartidos los dineros de 2016.

Comparecencia de Mariano Rajoy tras el último Consejo de Ministros previo a las vacaciones. Foto: Pool Moncloa

Comparecencia de Mariano Rajoy tras el último Consejo de Ministros previo a las vacaciones. Foto: Pool Moncloa

En cualquier caso, y desde la perspectiva de un ciudadano de a pie ajeno a las luchas partidistas, más que los plazos y las formas me interesa el contenido de los presupuestos, los primeros de una economía en expansión tras años de crisis y recesión. Dos períodos que el presidente del Gobierno, durante su comparecencia para avanzar los presupuestos y hacer balance previo a las vacaciones estivales, quiso diferenciar claramente acuñando para el acervo económico dos términos: la “precrieba” y el “círculo virtuoso”.

Mariano Rajoy en la misma comparecencia. Foto: Pool Moncloa

Mariano Rajoy en la misma comparecencia. Foto: Pool Moncloa

Los presupuestos de 2016 suponen para Mariano Rajoy el cierre de una “etapa dificilísima para los españoles” y la entrada en un “círculo virtuoso” de crecimiento económico. En esta línea, las claves avanzadas el viernes pasado (mañana se concretarán más) se centran en un incremento del 4’6% de la inversión y de casi un 15% en los activos financieros , es decir: créditos a empresas públicas o agentes privados que redundarían, finalmente, en inversiones para obra pública (el AVE, carreteras, aeropuertos, gestión de aguas, reindustrialización…).

A otras partidas se les ve más el cariz electoral: más gasto social (en términos globales, aumenta un 3’8%, sin desempleo), incremento de las pensiones (un 0’25%) y descongelación de los salarios de los funcionarios, con un incremento del 1% al que hay que sumar la progresiva devolución de la extra eliminada en 2012, lo que implica un incremento del gasto de personal en un 4’9%.

La previsión de ingresos también va en la línea del “círculo virtuoso”: aun a pesar de la rebaja fiscal, se prevé un incremento del 4% en la recaudación de IRPF e IVA, gracias al crecimiento del PIB y a la lucha contra el fraude. También mejoran las previsiones en el capítulo de pagos financieros, al reducirse los intereses de la deuda.

Y, finalmente, las comunidades autónomas, que recibirán 7.500 millones de euros, bajo la advertencia de reducir el déficit al 0’3% del PIB. Y aquí volvemos a ver la sombra electoral: Cataluña figura entre las grandes beneficiadas en el reparto, a pesar de la política de retos -o chantajes- abanderada por el presidente de la Generalitat.

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