Día 1

Salón de plenos del Ayuntamiento de Valencia. Foto: Freshwater2006. Cedida por Limix.net. Fuente: Flickr

Salón de plenos del Ayuntamiento de Valencia. Foto: Freshwater2006. Cedida por Limix.net. Fuente: Flickr

El de mañana no es un sábado “al uso”. Los más de ocho mil ayuntamientos de España eligen a sus alcaldes, así que habrá más ajetreo del habitual de un fin de semana en las casas consistoriales. Ni siquiera valen como referencia las constituciones de corporaciones pasadas, porque muchos nuevos actores han entrado en escena.

Cambian los actores, cambian los métodos y cambian, incluso, los escenarios. Unos llevarán el discurso a la calle, para hacer partícipe a la ciudadanía, otros reducen el protocolo tradicional a la mínima expresión posible y otros sustituyen al elenco habitual de “invitados de honor” por otro más paisano y de corte social.

Ahora está por ver si los cambios se reducen a las formas, o si también afectarán al fondo de la cuestión: la gobernabilidad de las instituciones más próximas a los ciudadanos. La irrupción de las agrupaciones de electores, mareas ciudadanas, el sello Podemos, Ciudadanos… la pérdida de mayorías absolutas para PP y PSOE y la práctica desaparición de otros partidos hasta ahora habituales, han hecho correr ríos de tinta sobre la multitud de opciones que se abren en un escenario fragmentado y multicolor. Tantas opciones que no caben generalizaciones y hasta hacer predicciones resulta complicado en algunos casos. La dificultad para llegar a acuerdos se ha puesto de manifiesto no solo en pequeños ayuntamientos donde cuentan más las personas que las siglas, sino también en grandes plazas de referencia para las generales, que ya están a la vuelta de la esquina, haya o no anticipo: el ayuntamiento de Madrid, Valencia, Málaga, Cádiz… Hasta el último puede haber sorpresas e incluso se ha especulado con la posibilidad de algún “tamayazo”.

Partiendo de una perspectiva en positivo de los pactos, como exigencia de diálogo y consenso, el riesgo que esconden está directamente relacionado con la ética: la utilización partidista e interesada de los acuerdos, como los “intercambios de cromos”, el “pago de favores” o un sistemático “con esos no” que no valore lo más conveniente en cada caso.  Lo que ocurra mañana será el primer paso, pero quedan por delante cuatro años que, si la solución no es acertada, se pueden hacer muy largos.

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