In extremis

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Entre la posibilidad de un acuerdo, y la salida del euro. Son las dos antagónicas opciones en las que se mueven las negociaciones entre Grecia y sus acreedores de la antes conocida como Troika. Ayer mismo, se producía en Berlín una reunión al más alto nivel (Merkel-Juncker-Hollande-Draghi-Lagarde), de la que apenas han transcendido más que rumores que apuntan en una única dirección, aunque con distintas denominaciones en cuanto al grado de exigencia: desde el ultimátum al gobierno griego hasta una propuesta común de acuerdo que aúne los intereses europeos y los del FMI, entre los que últimamente se ha producido algún que otro encontronazo.

Sea como fuere, una cosa está clara: la situación con Grecia y el apremio de los plazos, imponen urgencia a las negociaciones y el máximo esfuerzo por todas las partes. En un artículo de Tsipras en Le Monde, publicado el mismo día del encuentro en Berlín, el presidente griego se quejaba de las propuestas de sus acreedores, que califica de “absurdas” en algunos casos. La fricción radica fundamentalmente en las líneas rojas marcadas por el gobierno de Tsipras -para aliviar las tensiones dentro de su propio gobierno- y que se resumen en dos: empleo y pensiones, en consonancia con el programa que les dio el éxito electoral.

A lo largo del mes de junio, Grecia tiene que hacer frente a cuatro pagos al FMI por importe de 1.200 millones. El primero, este mismo viernes, con 300 millones de euros. Según todos los indicadores, necesitarán de la ayuda de sus socios europeos para hacer frente al pago, pero esta ayuda exige algo a cambio: compromisos firmes en ajustes y recortes del gasto público, que el gobierno heleno no parece dispuesto a aceptar.

Urge una solución porque la situación en Grecia está al límite -peligrando incluso el pago de nóminas públicas por falta de liquidez- y porque la incertidumbre se contagia al conjunto de mercados de la eurozona, expectantes ante las posibles repercusiones de un default en el seno de la Unión Europea.

La próxima semana hay reunión del G-7, así que cabría esperar que se llegase a un acuerdo antes de esa fecha, pero la experiencia hasta el momento nos ha demostrado que Grecia marca sus propios tiempos. Forma parte de su estrategia para forzar acuerdos in extremis.

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