A reflexionar

PP y PSOE midieron ayer sus fuerzas en sendas plazas de toros. Pedro Sánchez en Cáceres, histórico feudo socialista hasta que llegó Monago, y Mariano Rajoy en Valencia, en el acto más multitudinario de su campaña, según reflejaban los medios de comunicación.

Y es que la campaña fue de enfundarse el traje de luces y bajar al ruedo. Reñida hasta el último momento, con unas encuestas tan cambiantes y volátiles que cualquier resultado parece posible, más después de ver lo que pasó en el Reino Unido hace sólo unos días.

Mitin del PP en Valencia. Fuente: web del PP

Mitin del PP en Valencia. Fuente: web del PP

Las comparaciones con citas pasadas tienen poca o ninguna relevancia en este caso. La incursión de Podemos (bajo otras denominaciones) y Ciudadanos ha cambiado por completo el panorama y nadie se atreve a aventurar de qué magnitud será el batacazo. ¿Qué batacazo? El que, sin duda, se pegarán unos y otros. No solo PP y PSOE, que sentirán la mella de las nuevas formaciones, sino las propias formaciones que tan alto tienen el listón. A nivel municipal, las prisas por formar candidaturas sobre bases inexistentes, han ocasionado algún que otro disgusto a Albert Rivera (a quien se le colaron más de un paracaidista y nombres de relleno) y a Pablo Iglesias, que ya no sabrá ni qué mareas son las “suyas”. Con la dificultad añadida del lío mental que tendrá un porcentaje nada desdeñable de la población, confundida por la proliferación de nuevos nombres, siglas, caras, colores y propuestas. Porque a los ya citados hay que añadir Izquierda Unida, UPyD (que no claudica), independientes, formaciones nacionalistas y un largo etcétera. Y a nivel autonómico, en las comunidades donde coinciden los comicios, más de lo mismo.

Mitin del PSOE en Cáceres. Fuente: PSOE de Cáceres

Mitin del PSOE en Cáceres. Fuente: PSOE de Cáceres

Lo único que se puede anticipar con completa seguridad es que los políticos tendrán que seguir hablando, mucho, después del 24M. Ante semejante panorama, se antojan inexcusables los pactos y alianzas para formar gobiernos. Al menos, para investir alcaldes y presidentes autonómicos, aunque luego gobiernen en minoría. La opción de una “segunda vuelta” quedó aparcada y no podrán delegar en los ciudadanos esa responsabilidad.

Y a ver si lo consiguen más rápido que en Andalucía, por el bien del país y de la estabilidad que requiere la recuperación económica.

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