Termalismo electoral

Es el tema recurrente en toda cita electoral en la ciudad de Ourense: el termalismo. Cada vez que tocan urnas, sean generales, autonómicas o, especialmente, en las elecciones locales, los políticos exhiben sus “ambiciosos” programas en relación al que “debe convertirse en el motor económico de la ciudad”. Los entrecomillados son míos, pero todos los candidatos, del color que sea, han pronunciado palabras similares en algún momento de ésta y otras campañas.

Estación Termal de Outariz, Ourense. Fuente: web municipal

Estación Termal de Outariz, Ourense. Fuente: web municipal

Pero la realidad es otra. Según informaba recientemente el periódico La Región, hace ya ocho años que se aprobó, por acuerdo unánime de la corporación, el Plan Estratégico Termal de Ourense. Un documento que debía servir de guía en la definición de la “ciudad termal” y en el aprovechamiento de los manantiales que la convierten en una de las mayores potencias europeas en capacidad geotérmica. El propio plan se marcaba un plazo de ejecución de diez años, contando con la colaboración de otras administraciones del Estado y con fondos de la Unión Europea. Pero, a estas alturas, sólo se ha ejecutado en torno al 5% y la “potencialidad termal” de la ciudad sigue moviéndose más en la utopía que en la realidad, por no hablar de despropósitos añadidos, como el grave deterioro de los accesos a algunas zonas termales que hacen dudar a los turistas si, efectivamente, están siguiendo el camino correcto.

Piscina termal As Burgas. Fuente: web municipal

Piscina termal As Burgas. Fuente: web municipal

¿Qué ha pasado? Es cierto que el desarrollo termal de la ciudad se ha promovido en mala época. Después de dos mil años de tradición termal (cuyos orígenes se remontarían a la época romana), la elaboración del Plan Estratégico justo ha coincidido con la mayor crisis económica de las últimas décadas. Este pésimo escenario, para colmo, se ha visto agravado en Ourense por la anulación del Plan General de Ordenación Municipal, dejando en un limbo el desarrollo urbanístico de la ciudad. También ha tenido su efecto la propia catalogación de las aguas, que dificulta su promoción en el ámbito del próspero “turismo de salud”, así como la férrea competencia en el sector.

El problema es que, mientras se eternizan el debate político y la solución de éstas y otras “eventualidades”, el aprovechamiento termal de la ciudad languidece sin llegar a conquistar la necesaria inversión privada.

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