¿Quién ocupará Downing Street?

Parlamento británico. Foto: Javier Díaz Barrera. Fuente: Flickr

Parlamento británico. Foto: Javier Díaz Barrera. Fuente: Flickr

Lo primero que nos choca de las elecciones en el Reino Unido es la fecha de celebración. Acostumbrados como estamos a las jornadas electorales dominicales, pasar por urna a golpe de jueves resulta, cuando menos, curioso. Tanto que, al parecer, ni siquiera los británicos tienen muy claro de dónde viene esa costumbre que coloquialmente se atribuye a una meditada estrategia: adelantarse a la paga del viernes y a sus efectos sobre el consumo de pintas durante el fin de semana.

Anécdotas aparte, el panorama que pinta en el reino insular se aproxima más al desconcierto y la incertidumbre que a la compostura de la que tradicionalmente hacen gala los británicos. A estas alturas, en el mismo día de los comicios, nadie se atreve a sentenciar quién se sentará en el número 10 de Downing Street los próximos años. Laboristas y conservadores se reparten la mayoría de la Cámara de los Comunes, con resultados muy ajustados según las últimas encuestas (35% conservadores y 35% laboristas), pero otras formaciones irrumpen con fuerza haciendo mella en el histórico equilibrio bipartidista. La llave podría estar en los independentistas escoceses, reforzados tras el referéndum independentista que, aunque no prosperó, consolidó muchos apoyos. Ellos podrían darle el gobierno al candidato laborista Ed Miliband, aunque hay otras formaciones pujantes que también le disputarán el pastel, incluidos los actuales socios de gobierno de los conservadores, el Partido Liberal Demócrata de Nick Clegg.

Si en España el euroescepticismo no ha calado en el discurso público, obligando incluso a Podemos a rendirse al euro, el UKIP sigue arrastrando voluntades en el Reino Unido, perfilándose como tercera fuerza con un respaldo del 11%. Y David Cameron somete cualquier pacto de gobierno al apoyo a un referendo sobre la Unión Europea en 2017.

Resumiendo: en estas elecciones no está en juego únicamente el gobierno de uno de los motores de Europa, sino su propia permanencia en el tablero. Un motivo de preocupación no solo para los otros gobiernos e instituciones comunitarias, sino también para las empresas que operan en la eurozona y, especialmente, para aquéllas que tienen intereses en territorio británico. Sin ir más lejos, en el caso español podemos hablar del Santander (su filial británica representa el 19% del beneficio del grupo y la propia Ana Botín forjó allí su carrera profesional antes de volver a España a suceder a su padre) o Inditex, que tiene en el Reino Unido un centenar de tiendas y más de 4.500 empleados, muchos de ellos, por cierto, españoles desplazados en Londres, Birmingham, Edimburgo… y otras mecas del Speaking English. Pero eso ya es otro tema.

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