Cantos de sirena

Uno de los mayores inconvenientes para los ciudadanos en época electoral es distinguir la realidad de la ficción. De tantas promesas que arrojan los candidatos en sus mítines y otras modalidades de púlpito (inauguraciones adelantadas o encubiertas, publirreportajes en los medios de comunicación, encuentros sectoriales, etc. etc.), llega un momento en que resulta imposible discernir entre lo factible, lo probable, lo posible y lo simplemente fantasioso. Más cuando la experiencia nos confirma, una y otra vez, la escasa fiabilidad de los programas y otros compromisos electorales.I want you

Así que este año los ciudadanos tenemos que andarnos con ojo. El debate del Estado de la Nación, en el que se contrapusieron dos (o más) Españas radicalmente distintas dependiendo de quién tomase la palabra, supuso el arranque extraoficial del año electoral. Ahora el escenario es Andalucía, donde ya se vislumbra el final. E, inmediatamente, “enganchamos” con las municipales, que ya activaron el engranaje.

La diferencia fundamental está en el modelo de lisonja que nos brindan los candidatos, dependiendo del tipo de proceso. En el caso de generales y autonómicas, dos plazas donde reside el poder legislativo en sus respectivas competencias, los programas son, podríamos decir, más “etéreos”. Abordan conceptos amplios y universales cuyos pormenores resultan difícilmente medibles al ciudadano de a pie: macroeconomía, Sanidad, Educación, paro, corrupción, transparencia, soberanía…

PropagandaPero en las municipales hay que concretar más. Se presentan proyectos específicos con compromisos exactos. En su lucha por lograr el mayor apoyo de los ciudadanos, por cada alcaldía en disputa los partidos prometen nuevas infraestructuras, servicios municipales, puestos de trabajo ligados a la atracción de nuevas empresas… y hasta ocurrencias de nombres grandilocuentes y dudosa urgencia como metros ligeros, ascensores urbanos o ciudades del motor en insólitas ubicaciones. Los tres son ejemplos de la provincia de Ourense donde, en los últimos días, se está promocionando la implantación de la titulación de Ingeniería Aeroespacial. La propuesta nace de la Universidad de Vigo y, por tanto, aparentemente ajena a intereses electoralistas. Pero ya ha entrado en campaña, al convertirse en objeto de debate por parte de los políticos locales. Una ventaja que los promotores da la iniciativa pueden aprovechar para captar compromisos pero sin olvidar lo volátiles que son las promesas de campaña.

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