Así no

Hemiciclo durante el debate del estado de la nación. Fuente: web Congreso

Hemiciclo durante el debate del estado de la nación. Fuente: web Congreso

Fue el último debate del estado de la nación de la legislatura, y el primer debate de la campaña para las generales a nueve meses vista, aunque en el Parlamento no están representados todos los contendientes de la pugna electoral.

Mariano Rajoy durante el debate. Foto: web Congreso

Mariano Rajoy durante el debate. Foto: web Congreso

El debate centró la vista en las ambiciones de futuro, asemejándose por momentos a mítines llenos de promesas dirigidas a un electorado escéptico. El presidente del Gobierno ha planteado una serie de iniciativas bajo el slogan de “3 millones de empleos nuevos en la próxima legislatura”, en un claro intento de demostrar interés por la principal preocupación de los ciudadanos. Nuevos estímulos para la contratación indefinida, bonificaciones para los autónomos, ayudas para la conciliación, el decreto ley de Segunda Oportunidad para empresas y familias…Por su parte, el PSOE ha sido más vago en sus compromisos, que se traducen en invertir la política fiscal y laboral del PP: derogar la reforma laboral, reformar el sistema fiscal y perseguir el fraude. Y así, uno a uno, los distintos grupos fueron desgranando sus propuestas en un contexto dominado por la censura sin paliativos al vecino y la ausencia total de autocrítica, especialmente en lo que a asuntos de corrupción se refiere. Si Mariano Rajoy pasó de puntillas por Bárcenas, lo mismo Pedro Sánchez con los ERE.

Pero si el propósito de enmienda estuvo ausente del debate, poco más se puede decir sobre los balances de gestión. Entre el triunfalismo del presidente, que dibuja una España transformada, saneada y en condiciones de “correr la maratón y ganarla”, y el páramo descrito por Pedro Sánchez, acusando al PP de falsear la realidad y de provocar un “destrozo monumental” en el Estado de Bienestar, hay un “justo medio” que nuestros políticos deberían valorar.

La ausencia más significativa del debate fue la del tertuliano más activo de los últimos tiempos, Pablo Iglesias. Aun no teniendo representación en un Parlamento al que Podemos se postula por primera vez, la alargada sombra de Iglesias planeó en todo momento por el salón de sesiones. Estuvo en la boca de unos y otros, condicionando un debate en el que no tenía voz ni voto pero en el que sus rivales siguen posicionándolo como “estrella invitada”.

Y para rematar, la dialéctica del rescate, que osciló entre la autocomplacencia de Rajoy negando la mayor (“la gran medida de política social de esta legislatura: evitar el rescate”) y la estocada de Sánchez blandiendo una portada del Financial Times sobre el “Rescue” español.

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