Entre la confianza y la esperanza

“Aumenta la esperanza de los gallegos en la recuperación económica”. Es el optimista titular que La Voz de Galicia lleva hoy a sus primeras páginas, y que recoge las conclusiones de una encuesta de Sondaxe sobre los índices de confianza de los gallegos con respecto a la evolución económica y política. Los más confiados son los jóvenes que aún no han entrado en el mercado laboral, un indicativo de que la esperanza en un futuro mejor es el motor para seguir luchando. La confianza de los gallegos está por encima de la que el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) atribuye al resto de españoles. Otro indicativo de que el optimismo se basa más en las expectativas para el futuro que en la realidad del presente.

Stylized blue sea wawes with sunsetLa nota media que le han puesto los encuestados a su confianza en la economía es de 45’4 sobre 100. No llegaría al aprobado, pero son doce puntos más de la que nota media de hace dos años, así que hay motivos para un cierto triunfalismo.

La cuestión es: ¿a qué se debe esa mejoría en la confianza? Al margen del componente psicológico, en el que nuestra propia mente buscaría argumentos para el optimismo como mecanismo de autoprotección, hay razones contextuales. Y no me refiero tanto a los indicadores económicos, como al uso que de ellos se está haciendo. Todos los análisis auguran un crecimiento superior al 2% este año, si se mantienen las condiciones actuales (incluyendo el precio del petróleo). Esa realidad aún no ha repercutido sobre las economías familiares, lastradas por los elevados índices de paro y la precarización laboral, pero ya ha hecho mella en el sentir colectivo. El discurso en positivo de los gobernantes, sin duda alimentado por el pastel electoral, empieza a calar en la sociedad. Al menos, en determinados ambientes. Los datos de Sondaxe indican que la confianza ha recuperado más puntos en los votantes conservadores, mientras que los votantes de izquierdas se muestran más desconfiados con el devenir no solo de la economía sino también de la política, en sintonía con el discurso tremendista de sus partidos de referencia.

Una vez más, los tiempos políticos determinando el modelo económico.

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