El maratón de Syriza

Syriza y sus aliados nacionalistas no lo van a tener fácil para cambiar las reglas de juego en la eurozona. Ya se sabía. La élite política y económica no puede ceder a la primera de cambio, después de más de un lustro defendiendo la austeridad como antídoto contra la crisis.

Lo primero que hay que reconocerles a Alexis Tsipras y a su equipo es que no se duermen en los laureles. Apenas diez días después de ganar las elecciones, ya han pactado gobierno, tomado posesión, redimensionado el ejecutivo, repartido las carteras y recorrido media Europa para trasladar sus propuestas, buscar apoyos y comenzar las negociaciones. Ni un solo día de gracia para hacerse con la nueva responsabilidad.

 

Matteo Renzi regaló una corbata a Tsipras. Fuente: Twitter

Matteo Renzi regaló una corbata a Tsipras. Fuente: Twitter

En estos pocos días tan intensos ya han evidenciado algunos indicios de por dónde van los tiros. En primer lugar, la aproximación de los griegos a aquellos países que pudieran serviles de aliados en su causa. Se han decantado, por lo menos de momento, por Francia e Italia (lo de Rusia es otro tema), dos gobiernos críticos con la política económica de la Eurozona, y castigados por la desaceleración. En segundo lugar, la actitud, más dialogante que amenazante. Las sonrisas y los guiños han trascendido más que el despecho en los encuentros bilaterales que están manteniendo Alexis Tsipras y su gurú económico, el ministro de Finanzas Yanis Varufakis, con los dirigentes de la eurozona e instituciones satélite. Ya ha quedado claro que la única ruptura declarada hasta el momento por Syriza es con la corbata. Al euro le profesan fidelidad, aunque bajo unas nuevas condiciones que alivien la carga de la deuda sobre los hombros de los ciudadanos.

Y así iban las cosas hasta que, el décimo día, llegó Draghi para dar el primer golpe en la mesa. El nuevo gobierno griego no puede perder tiempo, porque tiempo es lo que no tiene. La primera exigencia de sus acreedores es el cumplimiento de los plazos vigentes. De los futuros ya irán hablando… Y Draghi ha cerrado el grifo. Se acabó la condescendencia con la deuda griega, al no haber garantías de que cumplirán con las condiciones pactadas por el anterior ejecutivo.

Ahora que Draghi ha puesto las cartas boca arriba, empieza de verdad la partida.

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