No levanta cabeza

Nuevo escándalo en torno a Bankia y a Rodrigo Rato. Los inspectores del Banco de España encargados del informe pericial solicitado por la Audiencia Nacional acaban de pronunciarse sobre los momentos previos a la salida a Bolsa de la entidad y han sido contundentes: los “errores contables” fueron habituales durante la dirección de Rodrigo Rato. Una “norma común” al menos en 2010 y 2011, los balances analizados por los peritos. Por no hablar de otras cuestiones como supuestos “chantajes” a clientes para que comprasen acciones. Y el sucesor de Rato, Ignacio Goirigolzarri, tampoco se libra. Lo responsabilizan de no denunciar las cuentas falsas y dejar parte del “maquillaje” cuando se reformularon las cuentas de 2011. En total, el agujero escondido alcanza los 4.570 millones de euros.

La verdad es que Goirigolzarri se debió echar las manos a la cabeza, por lo menos, cuando tomó el mando. Al margen de las responsabilidades que se le puedan imputar en este nuevo escándalo, el vasco tiene la baza de haber destapado las tarjetas opacas, lo que le da un voto de confianza en cuanto a honradez. Algo que no podemos decir de Rodrigo Rato, alguien que, antes de ser banquero, fue ministro de Economía y Hacienda y director gerente del Fondo Monetario Internacional. Al revés, no sería posible: ¿qué dirigente confiaría hoy en día para poner al frente de las finanzas nacionales (o en la troika, donde se toman decisiones de repercusión mundial) a un individuo bajo sospecha de corrupción, evasión de impuestos y manipulación contable?

Rodrigo Rato en el estreno de Bankia en la Bolsa

Rodrigo Rato en el estreno de Bankia en la Bolsa

Mucho se debe haber arrepentido el señor Rato de la imagen de la campanilla, cuando Bankia se estrenó en la Bolsa. Esa imagen, que en su momento fue triunfal, adquiere hoy tintes tragicómicos por lo que tiene de hazmerreír el rictus del personaje y de deplorable su supuesto comportamiento.

Pero, en este tipo de proyectos –como el de Bankia- que implican a cientos de personas e instituciones, cantidades ingentes de dinero público y organismos de supervisión y control, la culpa no se la podemos echar sólo a un individuo (o a dos). ¿Cómo es posible que Bankia saliera a Bolsa de una forma tan triunfal si sus cuentas eran pura farsa? ¿Cómo es que ningún organismo auditor detectó el engaño? Al menos, parece que ahora estamos intentando reparar el daño o, cuando menos, corregir errores.

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