¿Y después qué?

Como economista, en el caso catalán no me salen las cuentas. Ya sé que no es una cuestión meramente económica, por mucho que el sistema fiscal sea uno de los componentes del malestar soberanista. Aquí entran en juego los sentimientos, la historia, la política… Aunque también se ha hecho algún cálculo monetario: según las estimaciones de la Generalitat (que ya había reservado 5 millones de euros ampliables en los presupuestos para 2014)  la consulta costará 8’9 millones de euros entre gastos informáticos y de telecomunicaciones, material (urnas, papeletas…), gastos de personal, para pagar a los ciudadanos que estén en las mesas, etc., etc. Poca cosa comparado con el valor que tiene todo el esfuerzo que tanta gente está dedicando a este proceso, desde los políticos hasta los activistas pasando por los medios de comunicación, el Consejo de Estado y los miembros del Tribunal Constitucional…

Reunión extraordinaria del Consejo de Ministros para aprobar los recursos contra la consulta soberanista. Fuente: Moncloa

Reunión extraordinaria del Consejo de Ministros para aprobar los recursos contra la consulta soberanista. Fuente: Moncloa

¿Y si no se celebra? Pues eso no lo sabemos. La vicepresidenta de la Generalitat ha dicho que no contempla ese escenario porque está convencida de que la consulta es “legal, constitucional y estatutaria”. Nada que ver con las previsiones que maneja el Ejecutivo Central y que de forma inminente serán confirmadas por el Tribunal Constitucional y su más que probable anulación de la ley de consultas.

¿Cuál va a ser entonces la salida a todo este embrollo? Se habla de la convocatoria de elecciones plebiscitarias, en las que la consulta se haría bajo la forma de unas elecciones autonómicas, aunque ya numerosos expertos han defendido que tampoco éste sería un procedimiento vinculante.

En todo este contexto me resulta sorprendente la capacidad de Artur Mas para seguir defendiendo la consulta en diferentes foros (mítines, comparecencias públicas, programas de televisión, actos de gobierno…) sin desvelar cuál será su proceder una vez que se anule la consulta por ilegal. Desde luego, no debe ser fácil mantener la confianza de los soberanistas cuando todo parece indicar que la única vía para convocar el referéndum sería la desobediencia civil y el presidente de la Generalitat ya se ha mostrado contrario a esta posibilidad.

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