Pendientes de Escocia

Mañana sabremos si hay un nuevo país en Europa. Si la respuesta es sí, aún tardaremos un poco más en saber si formará parte de la UE. Aunque éste es uno de los asuntos que se debatieron durante la campaña independentista, no parece el que más preocupa a los ciudadanos escoceses. Los partidarios de la secesión acusan al gobierno británico de la situación económica: los recortes, el paro, el gobierno de la banca sobre los intereses de los ciudadanos… Los escoceses se jactan de tener un único representante conservador en el Parlamento. La separación de Gran Bretaña se plantea desde una perspectiva económica y social más que por el sentimiento nacionalista, aunque sea la cuestión identitaria la más visible en términos de marketing (banderas, colores, kilt, Braveheart…).

Marcha independentista. Foto: Màrtainn MacDhòmhnaill. Fuente: Flickr

Marcha independentista. Foto: Màrtainn MacDhòmhnaill. Fuente: Flickr

Y desde España se observa el proceso con especial interés. Como un campo de ensayo para el referéndum catalán. Salvando las diferencias, porque “Cataluña no es Escocia” es inevitable hacer extrapolaciones. En ambos casos, la separación se plantea en términos fiscales. Los gobiernos locales quieren un mayor control sobre sus finanzas y culpan a las administraciones centrales de ningunearlos o, incluso, de castigarlos. Pero la independencia, en cualquiera de los dos casos, tendría otras consecuencias económicas. En primer lugar, el nuevo país no se llevaría sólo la recaudación de sus impuestos: también habría de quedarse con la parte proporcional de la deuda. También habría que negociar la “separación de bienes” (por ejemplo, los yacimientos petrolíferos del Mar del Norte). Y desde el punto de vista de la actividad privada, hay que tener en cuenta las repercusiones que podría ocasionar el nuevo escenario político sobre el tejido empresarial. Lo primero, la paralización de proyectos inminentes a la espera de cómo se resuelva la situación. Lo segundo, el temor de las empresas ya instaladas en el mercado escocés a que la independencia provoque una recesión, al menos mientras no se ajustan los nuevos engranajes, y su repercusión sobre los mercados de valores. Por otra parte, la incertidumbre sobre la divisa, que podría provocar una fuga de depósitos: aún no se sabe si, en caso de independencia, continuarían con la libra, desarrollarían su propia moneda o se sumarían al euro. Y, finalmente, la incertidumbre sobre el futuro de Escocia en el mercado común europeo. Mariano Rajoy, condicionado sin duda por la cuestión catalana, ya ha advertido que España no daría “facilidades a Escocia” para integrarse en la Unión Europea.

Alex Salmond, Ministro Principal de Escocia. Fuente: Wikicommons

Alex Salmond, Ministro Principal de Escocia. Fuente: Wikicommons

En el caso catalán está aún por ver cómo se resuelven los aspectos legales del proceso. En el caso escocés, la nueva etapa comienza esta misma madrugada, cuando termine el recuento de votos. Gane o pierda el “sí”, algo habrá cambiado. Los resultados serán, ante todo, ajustados, así que, pase lo que pase, un amplio porcentaje de la población no estará satisfecho.

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