Otro golpe al sector naval

"Ría de Navantia". Autor: Xaimex. Fuente: Flickr

“Ría de Navantia”. Autor: Xaimex. Fuente: Flickr

El sector naval acaba de recibir un nuevo golpe en Ferrol, uno de los epicentros de la actividad de los astilleros en otros tiempos que ahora parecen lejanos. Bruselas ha echado abajo uno de los grandes proyectos para Navantia: la construcción de un dique flotante en la ría de Ferrol con capacidad suficiente para reparar grandes buques, en una apuesta por el negocio de la reparación naval complementario de la construcción nueva.

Los sindicatos han puesto precio a este varapalo: aseguran que se perderán hasta 1.000 empleos en diez años, entre aquellos que se ocuparían de la construcción del nuevo dique y los que posteriormente trabajarían en él reparando barcos. Pero la Dirección General de la Competencia de la Comisión Europea ha sido muy clara: entienden que la construcción del dique sería contraria al derecho comunitario porque implicaría una financiación privilegiada a Navantia frente a otras empresas. De hecho, estaba previsto que la obra, presupuestada en 170 millones, se financiase con dinero público en un 50% (frente al 15% de máximo que permitiría la normativa comunitaria).

Trabajador de Navantia. Fuente: Navantia

Trabajador de Navantia. Fuente: Navantia

Estamos, una vez más, ante los riesgos de la economía subsidiada. La iniciativa -promovida desde el sector, la administración y la sociedad en general- se ha dado de bruces contra las leyes del libre mercado y el control de la competencia. Algunos culpan de desidia al Gobierno, por no haber argumentado bien el proyecto ante la exigente Europa y alimentan la esperanza de un cambio de parecer si se encuentra la vía adecuada para justificar la inversión pública. La tarea es complicada, pero más complicada es la reconversión económica de una comarca en la que el sector naval ha sido el único y gran motor de toda la sociedad. El peligro más acuciante es que la estrategia no sea una auténtica estrategia de futuro, cabal y con perspectivas de éxito, sino un parche cortoplacista amparado por políticas con aspiraciones electorales. La crisis nos ha enfrentado a caídas vertiginosas y en muchos casos imprevistas (aunque podrían haber sido “previsibles”) y debemos convertir este golpe en una oportunidad para emprender un cambio de rumbo.

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